miércoles, 20 de marzo de 2013
martes, 19 de marzo de 2013
Comentario sobre Alter-video, de Eugeni Bonet
La historia del video no es una muy larga en cuanto que no hace tanto tiempo que existe la posibilidad de generar imágenes en movimiento. Independientemente del video en sí, las imágenes en movimiento recorrieron su historia a través del cine y del surgimiento de la televisión (fenómeno que aún hoy es muy interesante), para después llegar al medio de expresión artística que conocemos ahora y que se vincula directamente al arte, tomando en cuenta de que dentro de las artes visuales el video tiene tanta importancia como cualquier otro medio de expresión.
Lo que me parece interesante es el hecho de que en realidad el texto escrito por Bonet no fue escrito hace tanto tiempo, mas se percibe una diferencia grande en los aspectos más técnicos de lo que era la actualidad electrónica en la industria del video; no así en los aspectos socio-culturales. Bonet habla de la televisión como instrumento de poder. Es así que hoy día la influencia política que tiene la televisión sobre nosotros es quizá menos importante que la influencia comercial (en tanto que el modo de vida del neoliberalismo es prácticamente global), pero que de todas formas tienen ambas un papel grande en nuestra actualidad. A pesar de que se podrá hablar de que no todos vemos la televisión, el hecho de que la gente cercana sí la vea ya nos afecta indirectamente.
Lo que yo pude pensar con respecto al video-arte es que según lo leído la difusión no ha cambiado mucho de los años 80s a hoy. El enfoque de los programas es francamente comercial; sin hablar de las repercusiones de disminución de IQ que sufren o sufrimos la mayoría de los que gastamos tiempo en ver los excesivamente simples y malos programas que pasan, jamás podrías imaginarte encontrarte ahí algo de video-arte (y en el caso de que sí lo hubiera tendría que preguntarme si el hecho de que el acceso fuera para un público más basto podría ampliar también su cuórum). Las galerías televisivas suenan a algo muy romántico, pero para que funcionaran tendría que revolucionarse por completo el papel que juega la televisión en la vida cotidiana (la atestiguación artística combina mal con la recreación pasiva y de poco pensamiento que se espera encontrar en la televisión para descansar de vivir). Lo mismo podría decir de la pretensión de hacer de la televisión algo bidireccional en lugar de pasivo y unidireccional. No hay posibilidades de hacer cambios que el público no ha sido enseñado a desear. Los cambios incomodan.
Realmente no sabría como meterme a hablar de los demás temas que toca Bonet, aunque del video subversivo, la contracultura y otros temas podría decirse mucho. No paso de aquí porque ante mí veo la educación de pasividad del individuo como un elemento primordial que sin haber sido salvaguardado impide que se hable más allá de eso. Quizá lo que digo podría sonar un poco fatalista; no quiero decir que es imposible generar cambios, pero sí que las raíces son profundas y deben ser tomadas en serio. En general, cualquier innovación artística, sea la que sea, no tiene muchas posibilidades si no se tantea el terreno antes. Y con tantear terreno no me refiero solamente a posibilitar que la gente de “alta cultura” pueda comprenderlo, porque eso ni siquiera implica un gran esfuerzo. Ni siquiera soy feliz partidaria de hacer del arte algo accesible para todo el mundo, sino que en lo que me hace enfocarme la lectura es en el hecho de que la profundidad de las dificultades de la condición humana actual (háblese de la actualidad que se hable) siempre han sido sólo tratadas superficialmente. La dificultad lo explica, pero no lo justifica, para mí. Antes de regodearnos en nuestras dificultades políticas, económicas y culturales habría que preguntarnos por nuestras dificultades sociales. Habría que ver qué de lo que nos quejamos del posible público puede ser sorteado y qué no; y en el caso de que se pueda cambiar, ver si es necesario y cómo hacerlo.
lunes, 25 de febrero de 2013
El cine o el hombre imaginario, capítulos 7 y 8
El cine es un lenguaje por sí mismo que, como todo lenguaje, está compuesto por símbolos representativos que implican la comprensión simultánea de muchos individuos. La simbología del cine implica dos cosas: que su comprensión implica una atención racional además de la afectiva y que conlleva la creación de estereotipos consensuados de comprensión casi global.
El lenguaje del cine puede ser considerado universal en tanto que a diferencia de otros modos de expresión que necesariamente tienen que tener un idioma local o referencias implícitamente culturales, el cine es un reflejo inmediato del mundo de la forma en que todos los seres humanos la vemos, que es por los ojos. Quizá más universal que el cine sería la música, pero por lo mismo el hecho de que el cine incluya música de escucha indiscriminada refuerza la afirmación antes hecha. A pesar de esto, está claro que hay factores superficiales del cine que no pueden dejar de reflejar que toda película es sin duda un producto social determinado por su contexto (tanto histórico como geográfico). A pesar de esto, basta con revisar la elección de palabras empleada en la frase para notar que detalles “superficiales” no siempre son tan trascendentes como para impedir la comprensión de lo que se intenta comunicar en el cine.
Mencioné también la necesidad de la atención racional del espectador para con el cine. Morin hace gran énfasis en que en cuanto a la imagen cinematográfica, tanto la participación afectiva implícita, como la significación comprensible sólo a partir del contexto de la condición humana, hay una tendencia hacia el uso de la razón. Difícilmente podrías ver cine con el cerebro desconectado. El reconocimiento de las imágenes fragmentadas y el cambio de planos nos revelan la orientación del campo de significación. Siempre aquello que esté a primer plano y/o enfocado será aquello que merezca nuestra atención y lo que entenderemos que es lo más relevante en tal o cual escena. El discernimiento podrá ser inconsciente tanto para el autor como para el espectador, pero implica necesariamente la comprensión de la psique humana que, repito, podría ser sólo inconsciente.
Con esto llego a lo que se plantea en el último capítulo, que nombra al cine una especie de espejo del mundo y del espíritu humano, también en cuanto a su psicología. Así como tanto el autor como el espectador generan la historia y el fin del film, sea a partir de la proyección/identificación en el caso de ambos o no, lo cierto es que de cualquier modo el cine prevalece en una potencial memoria colectiva con un irrefutable valor antropológico. Aunque se trate de un tema de ciencia-ficción; la forma de contar las cosas, el lenguaje hablado y el corporal, la elección de lo que se supone que es estético y lo que no; todo eso queda cargado del contexto que rodea al equipo autor en un tiempo y espacio determinados. Así también lo que sea un reflejo onírico de la realidad, en tanto que los sueños son tan humanos como la vigilia, son tan documentos históricos objetivos y certeros como cualquier otra cosa. En la actualidad quizá sea un poco complicado, porque el reflejo del espíritu humano será uno muy globalizado con profundas raíces de culturas muy individuales y distinguidas más por forma de pensar que por contexto espacio-temporal, pero lo cierto es que la realidad que vivimos es del mismo modo que su reflejo, de un modo u otro; siempre según y dependiendo del punto de vista desde el cual se elija mirar.
martes, 19 de febrero de 2013
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